Ni olvido, ni perdono: Las 13 Rosas




Hablar de las Trece Rosas no es solo recordar un nombre poético en un libro de historia; es enfrentarse a una de las heridas más sangrantes, injustas y mal cerradas de nuestra democracia. Lo ocurrido el 5 de agosto de 1939 frente a las tapias del cementerio de la Almudena no fue justicia, fue un asesinato ritual para instaurar el miedo.


Dejar claro es que estas trece mujeres (la mitad de ellas menores de edad según la ley de la época) no murieron por lo que hicieron, sino por quiénes eran. Eran jóvenes, eran idealistas y, sobre todo, eran mujeres luchadoras. Se las acusó de participar en el asesinato del comandante Isaac Gabaldón. Sin embargo, ellas ya estaban presas antes del atentado. Fue una represalia arbitraria.


Para el régimen de Franco, la mujer republicana era el "mal absoluto". No solo eran "rojas", sino que habían osado romper el molde de la mujer sumisa y religiosa.

El franquismo no buscaba orden, buscaba exterminio ideológico. Al ejecutarlas, el régimen demostró que no tuvieron piedad ni con la juventud ni con la inocencia. Durante 40 años, se intentó borrar sus nombres, tratándolas de criminales cuando su único "delito" fue pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas y creer en un país donde la educación y el voto valieran algo. 


Pero la rabia también va dirigida a los que mandan hoy. Es indignante que, después de tantos años de democracia, y décadas después de la muerte del dictador, la memoria de las Trece Rosas siga siendo tratada como un vacío institucional que ofende. 

El Estado actual tiene una deuda de honor que no se salda simplemente con ofrendas florales o discursos de compromiso. El reconocimiento real sería que el Estado anulara de una vez por todas aquellos juicios falsos que las condenaron. 


No se puede permitir que hoy en día haya gente que las insulte o que mienta sobre su historia sin que pase nada. El olvido es una forma de seguir matándolas. Para que el reconocimiento sea verdadero, su historia debería estar en cada escuela, para que ningún niño/a olvide que la democracia que tenemos hoy se pagó con la vida de personas como ellas. Mientras sigan tratándolas como un tema "delicado" o "polémico" en lugar de como a heroínas, este país tendrá una deuda pendiente con las Trece Rosas. Tal y como pidió Julia Conesa:


"Que mi nombre no se borre en la historia". — Julia Conesa, fusilada a los 19 años








Comentarios