Hay etapas que llegan sin avisar y terminan cambiándote por completo. Para mí, empezar educación social ha sido una de ellas. No solo he encontrado una carrera que me apasiona y con la que siento que conecto de verdad, también he encontrado un lugar donde siento que pertenezco.
Educación Social no es solo lo que estudio, es una parte de mí. Es aprender a mirar a las personas con empatía, a entender realidades distintas, a querer construir un mundo un poco mejor desde lo pequeño. Cada clase, cada aprendizaje y cada experiencia me han hecho confirmar que estoy donde quiero estar. Que esta carrera no la elegí por casualidad, sino porque estaba hecha para mí.
Pero si algo ha hecho todavía más bonito este camino, han sido mis compañeros. Personas tan diferentes entre sí, pero con una esencia increíble. Sin darme cuenta, se han convertido en parte fundamental de mi día a día, en apoyo en los momentos difíciles, en risas cuando más las necesitaba y en compañía en esta aventura tan importante.
Con ellos he aprendido que la universidad no solo va de estudiar y aprobar. También va de compartir, de crecer juntos, de ayudarse, de celebrar los logros de los demás y de estar cuando alguien lo necesita. Hemos creado algo muy bonito, algo sincero, algo que va más allá de un aula.
Hoy miro atrás y siento un agradecimiento enorme. Por haber elegido esta carrera que tanto me llena y por haber coincidido con personas tan especiales en el camino. Porque Educación Social me está enseñando muchísimo, pero ellos también.
Y si algo tengo claro, es que los mejores recuerdos no solo se construyen con lugares, sino con personas. Yo he tenido la suerte de encontrar ambas cosas al mismo tiempo y me hace inmensamente feliz saber que todavía nos quedan tres años juntitos para seguir construyendo esta historia.
Comentarios
Publicar un comentario