Más dudas que soluciones


Hace apenas unos días, escuchábamos a María Guardiola decir con una fuerza que convencía a cualquiera que ella jamás metería en su gobierno a quienes no pensaran como ella en temas de igualdad o derechos humanos. Se sentía como un soplo de aire fresco, de coherencia. Pero, de repente, ese "no" se convirtió en un "sí". Ver cómo alguien cambia de principios tan rápido duele, porque nos hace sentir que, al final, lo que nos dicen en campaña no tiene ninguna importancia.

Mientras los políticos se peleaban por ver quién se sentaba en qué sillón, los problemas de los extremeños —el campo, el trabajo, los jóvenes que se van— seguían ahí, esperando. Es triste sentir que nuestra tierra se ha usado como una ficha de ajedrez en una partida que se juega en Madrid, y no en nuestras calles.


Para que las piezas del puzle encajaran y María Guardiola pudiera ser presidenta, el PP ha tenido que abrir la mano y aceptar un listado de condiciones impuestas por Vox.


Nuestros agricultores y ganaderos son el motor de Extremadura, y Vox ha prometido "defenderlos a muerte". Su plan es declarar la guerra a la Agenda 2030, porque dicen que esas normas de Europa para proteger el planeta son en realidad piedras en el camino de nuestra gente. Prometen quitar "trabas ambientales", como si cuidar la naturaleza fuera el enemigo. Además, se han empeñado en salvar la central nuclear de Almaraz, una decisión que nos hace preguntarnos: ¿estamos mirando hacia el futuro o aferrándonos a un pasado que ya se iba? Es una apuesta arriesgada que pone el desarrollo económico por encima de la protección de nuestra tierra.


Quieren imponer lo que llaman "neutralidad ideológica" y el famoso "pin parental". En palabras sencillas: que los padres puedan vetar charlas o talleres sobre temas sociales, diversidad o valores si no les gustan. Esto suena a libertad, pero en el fondo se siente como desconfianza hacia nuestros maestros. La escuela siempre ha sido el lugar donde los niños aprenden a convivir con lo diferente, y ponerle puertas al campo del conocimiento puede terminar creando una sociedad más cerrada y con menos empatía.


Vox ha puesto el foco en la "prioridad nacional". Esto significa que quieren que los españoles vayan primero en las ayudas para comer o para tener una casa. Aunque pueda parecer lógico para algunos, da un poco de miedo pensar que estamos perdiendo la humanidad de ayudar a quien más lo necesita, sin mirar su pasaporte.


Uno de los puntos que más me ha tocado personalmente debido a que es uno de los amitos que mas me importan y que mas importantes de la educación social me parecen es la Cooperación Social. Y los de Vox quieren meter la tijera

Esto significa que Extremadura dejará de enviar gran parte de ese dinero que servía para ayudar a países en proceso de desarrollo.  

Su argumento es que "el dinero de los extremeños debe quedarse en Extremadura". Suena a frase hecha que busca el aplauso fácil, pero en el fondo es una medida que nos vuelve más pequeños como pueblo. Extremadura siempre ha sido una tierra de emigrantes, una tierra que sabe lo que es pasar hambre y tener que buscarse la vida lejos; por eso, darnos la vuelta y cerrar el grifo a quienes hoy viven situaciones desesperadas en otros lugares del mundo se siente como una traición a nuestra propia historia de solidaridad. Dejar de ayudar a los que no tienen nada no nos hace más ricos, nos hace un poquito menos humanos.


Más que dar seguridad, este pacto deja una sensación de incertidumbre. Y cuando se trata de gobernar, la gente necesita justo lo contrario: claridad y soluciones reales.







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