Marcha atrás como sociedad




Se ha cruzado una línea roja histórica: la legalización de la pena de muerte mediante ahorcamiento aplicada exclusivamente a la población palestina. Mientras el mundo observa, los ministerios israelíes han celebrado esta medida en el Parlamento con champán y banquetes, transformando un acto de violencia a los derechos humanos en un motivo de festejo.


Esta ley esta hecha desde la desigualdad. Si un israelí y un palestino cometen el mismo delito, solo el segundo enfrentará la ejecución. Esto tiene varios nombres claros: apartheid, limpieza étnica y genocidio. Estamos ante una deriva ideológica que recuerda a los capítulos más oscuros del siglo XX, y volviendo  ahora en pleno siglo XXI.


Israel se ha convertido en el primer Estado de la historia moderna en permitir la pena de muerte basándose en criterios étnicos. Sin embargo, en el Congreso, la respuesta un ambiente cargado de emoción, donde se celebraba brindando con champan y repartiendo dulces.


Lo que más indignación me causa es la frialdad de los medios de comunicación; presentan esta noticia como un trámite más, ignorando la magnitud de la tragedia. Israel goza de tal nivel de impunidad que se ha permitido el lujo de legalizar, ante los ojos del mundo, las bases de un genocidio












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