¡Pero bueno, es que esto es el colmo del despropósito! ¡Madre mía, la que me tienen montada en la calle, que parece que han venido los de la NASA a buscar petróleo! Pues no han hecho unas obras y lo tienen todo patas arriba, que yo no sé si es una calle o una gincana de esas de la tele.
¡Qué barbaridad! Me ha costado llegar al portal lo que no está escrito; he tenido que hacer equilibrismo por encima de unos tablones que eso era una sentencia de muerte para mi cadera. Menos mal que me ha ayudado un jovencito muy apañado, que me ha tenido que ayudar a saltar una barra de metal y me ha llevado el carrito de la compra porque yo, con los reumas y este despliegue, es que no podía.
¡Es que no se puede! Madre mía, es que no piensan en las personas, solo piensan en levantar el suelo. Y verás tú ahora, que el rellano va a estar lleno de polvo, y no un polvo cualquiera, ¡no! Encima es polvo de obras, que eso para limpiarlo es mucho peor, que se pega a los muebles que parece que tiene pegamento. ¡Qué desastre, por favor, qué desastre!
Cuando ves una calle llena de vallas, agujeros y suciedad, lo que tienes delante no es solo una obra molesta, sino una auténtica carrera de obstáculos que nos separa a unos de otros.El problema social es que solemos dar por hecho que todos nos movemos igual, pero la realidad es que la calle nos manda mensajes distintos según quiénes somos.
Para una persona joven y ágil, un bache o un tablón mal puesto es solo un pequeño salto de veinte centímetros, una anécdota en su camino. Sin embargo, para tu abuela ese mismo salto es un muro insuperable que la obliga a darse la vuelta, y para alguien en silla de ruedas esa calle está directamente cerrada, aunque no tenga un candado en la esquina.
Al final, cuando permitimos que nuestros barrios se vuelvan intransitables, estamos aceptando que la ciudad solo sea para los que pueden correr o saltar, dejando encerrados en casa a los más vulnerables. Una calle que no cuida al que va más despacio o al que tiene más dificultades no es una calle de todos, es un espacio que excluye y que nos recuerda que, si no estás en plena forma, ese lugar ya no te pertenece.
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