Musulmán el que no bote



Musulmán el que no bote”. Eso fue lo que retumbó hace poco en un estadio de Barcelona en pleno 2026. No fueron cuatro gatos; fue una parte importante de la grada la que gritó con fuerza.

Lo que da miedo no es solo el cántico en sí, sino ver cómo miles de personas se sienten cómodas gritando odio en público. Intentan disfrazar el racismo de "ambiente futbolero" o de "tradición", como si el fútbol fuera una zona libre de respeto. Lo más irónico es que el mejor jugador de nuestra selección es musulmán, pero parece que eso se les olvida cuando toca insultar.

Lo que realmente indigna es la impunidad; si esos mismos aficionados hubieran gritado mensajes políticos en contra de de Israel o EEUU y a favor de palestina, probablemente los habrían sacado del estadio de inmediato. Sin embargo, cuando se trata de racismo, parece que hay vía libre.


El verdadero problema no es solo que esto ocurra, es que se permite. Los que gritan lo hacen sin miedo porque saben que no habrá consecuencias y ese es el verdadero problema, no es solo que ocurra es que se permite 


Leer noticia



Comentarios